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Enfermedad y Exclusión

LA ENFERMEDAD PSIQUICA Y LA EXCLUSIÓN SOCIAL

Una de las enfermedades que más exclusión social  genera es  el trastorno mental. Es este un padecimiento muy importante y que afecta a un % alto de la población. La Fundación Diper es especialmente sensible a este padecimiento y a poner las medidas correctoras para conseguir una inserción social integral.

Junto a ello, quienes padecen un trastorno mental, sobre todo cuando lleva un largo tiempo de evolución, presentan una minusvaloración de sí mismos y un deterioro de la dignidad personal. No se sienten iguales que los demás y tampoco ven posibilidades de desarrollo personal.  Lo cual complica las cosas.

Nos acercamos a las personas que tienen un  Trastorno Mental  y  se encuentran en riesgo de exclusión social.

 

 

Las personas que padecen un trastorno mental, y sobre todo si es de larga duración, se sienten habitualmente incomprendidas y, en consecuencia, marginadas. La razón estriba en que hay un gran desconocimiento de lo que es la enfermedad y el trastorno mental, y ello acarrea una situación de temor por parte de la sociedad que intenta alejarlos de sí misma.

 

A ello contribuyen también los juicios de valor que a menudo se vierten sobre el colectivo, en el sentido de que tienen una gran peligrosidad y de que su incompetencia social y técnica es elevada. Las personas con trastorno mental son especialmente sensibles al rechazo por parte de los demás, lo cual les lleva al ocultamiento de la enfermedad y al aislamiento. La repercusión de este estado de auto marginación se refleja en las dificultades laborales y en las dificultades convivenciales y sociales que le ofrece la sociedad, ahondando así la marginación y el aislamiento social en que se encuentran.

 

La incidencia del Trastorno Mental de larga evolución es del 1% de la población y como consecuencia de la marginación y aislamiento a la que se llega, estas personas, necesitan de recursos sanitarios terapéuticos y psicosociales a un mismo tiempo.

Persona y Trastorno Mental

Según los datos de la Federación Mundial para la Salud Mental se calcula que hay en el mundo más de 450 millones de personas de todas edades, culturas y niveles socioeconómicos, y que hay casi 165 millones de personas en toda Europa y más de 10 en España que padecen algún tipo de trastorno mental del tipo de la depresión, ansiedad, esquizofrenia o trastorno bipolar.

 

Estos trastornos mentales afectan cada vez a más personas en el mundo y afectan a cualquier grupo de edad pero a pesar de ello, una gran parte de los afectados son diagnosticados muy tarde y tardan varios años en recibir el tratamiento más adecuado, calculándose que solamente un 30% recibe el tratamiento adecuado en los dos o tres primeros años de la enfermedad.

 

En España se calcula que hasta uno de cada cuatro individuos en edad adulta puede llegar a padecer alguna de estas enfermedades a lo largo de su vida y hasta el 11% de la población infantil se encuentra en riesgo de desarrollar algún tipo de trastorno mental. Estas patologías son la causa del 30% de la discapacidad producida por enfermedades médicas, superando a las cardiovasculares y a las oncológicas. Sin embargo, sólo cinco de cada 100 euros invertidos en salud en nuestro país se destinan a estas enfermedades, una cifra inferior a la media europea, lo que hace mirar con cierta reserva al futuro.

 

Las consecuencias de esta situación es que gran parte de los recursos existentes para la salud mental se están destinando a cubrir una gran cantidad de costes indirectos como rehabilitación, dependencias y minusvalías, en detrimento de los costes directos en actividades como prevención y tratamiento del trastorno mental grave. Durante años, los pacientes que sufren esta enfermedad han padecido además de la propia patología, la incomprensión de muchas personas y de la misma sociedad en general y han sido víctimas de una marginación injusta y de un deseo de invisibilidad por parte de la sociedad. Esto es inadmisible y ya se trabaja desde hace tiempo con los pacientes, sus familiares y otros actores sociales para paliar estos nefastos efectos del padecimiento de un trastorno mental.

 

 

 

Hoy está universalmente aceptado que para el tratamiento de estos pacientes no sólo es necesario contar con medicación, sino con un ambiente adecuado, la psicoeducación del paciente y la familia, la psicoterapia y la rehabilitación y reinserción social normalizada. Todo ello influye favorablemente en el control de la enfermedad y de las secuelas psicosociales que originan, algo que resulta esencial para el paciente. El modelo de asistencia en el que se dan estos recursos es el del Hospital de Día.